Cuando la ‘salud’ es Insana

Por Ayelen Hamity, integrante de AnyBody Argentina 

‘Me estoy cuidando’

‘Deje de consumir harinas y azúcar’

‘Qué linda que estás… estás más flaca’

¿Quién no escuchó alguna vez a alguien decir las frases de arriba? Estas frases clásicas, exponen una tendencia cultural de felicitar la privación de ciertos alimentos, especialmente cuando resultan en una pérdida de peso. Durante mi investigación sobre Instagram, encontré mucha literatura que exploró el lado oscuro de la regulación corporal y alimenticia; conceptos como fitspiration; y una nueva obsesión por la salud.

¿Con qué estamos tratando exactamente? ¿En qué momento una obsesión con la salud se transforma en algo insano?

Lamentablemente, la línea entre lo sano y lo insano no es tan clara, ya que muchos estudios revelan que puede haber repercusiones terribles en los estilos de vida que dependen en gran medida de la restricción. Por ejemplo, un estudio realizado por Public Health England's National Diet and Nutrition Survey mostró que un número creciente de mujeres en el Reino Unido carecen de varios nutrientes vitales como resultado de las dietas de moda y los estilos de vida que se propagan en las redes sociales. El mismo estilo de vida restrictivo y obsesionado con la salud puede llegar a condiciones médicas potencialmente mortales relacionadas con la malnutrición, la inestabilidad afectiva y el aislamiento social. Parece que seguir cuentas que muestran interminables tomas de posturas de yoga, batidos verdes y lattes de leche de almendras puede tener consecuencias perjudiciales. Es hora de tomar esto más en serio.

Cuando el estilo de vida saludable se convierte en una obsesión enfermiza: Ortorexia Nervosa

No es una sorpresa que, con el boom de las redes sociales – especialmente plataformas como Instagram que tienen contenido muy reducido – 'fitness' y 'la vida saludable' se haya convertido en un fin para los millennials. De repente, nuestro teléfono nos da acceso a la vida de miles de personas que proponen (y te enseñan) cómo conseguir ciertos estilos de vida. Y, sinceramente, ¿por qué no querrías estar sano? El problema surge cuando el discurso de lo que es ‘sano’ es miópico, y el deseo de hacer cambios positivos resulta en lo opuesto: estrés psicológico y deterioro físico. Kimberly Wick, directora de Walden Psychiatric Associates, advierte que ciertas personas pueden estar en riesgo de desarrollar un trastorno alimentario, más específicamente, en riesgo de desarrollar Ortorexia Nervosa.

Ortorexia nervosa, comúnmente referido como ortorexia u ON, es el término que se le da a un trastorno alimentario en el que la persona está excesivamente preocupada por la comida sana y seguir un estilo de vida saludable. El término fue introducido en 1997 por Steven Bratman, y deriva de las palabras 'ortos' que significa 'precisa' y 'hambre' de ‘orexis’. Traducido directamente, significa "apetito correcto", lo cual capta perfectamente de lo que se trata la obsesión: la nutrición restrictiva y controlada. Aunque ON todavía no se ha formalizado como un trastorno alimentario en los manuales de diagnóstico (debido a su vía de tratamiento poco claro), varios profesionales de la salud lo están tratando con la misma seriedad con que tratan trastornos alimenticios más comunes como la bulimia y la anorexia nervosa.

Una persona que sufre de ON está preocupada permanentemente:

  1. Por la calidad de los alimentos que está ingiriendo;
  2. comprar en tiendas de alimentos saludables
  3. y se apropia de otras opciones de estilo de vida saludable (más actividad, menos consumo de alcohol, por ejemplo)

También tienen una tendencia a defender su estilo de vida frente a sus amigos y familiares. En otras palabras: no es raro que una persona que exhibe los comportamientos asociados con la ON trate de convencer a las personas en su entorno de que la comida que están ingiriendo es mala para ellos, y que tienen que modificar su estilo de vida. Esto, a su vez, aparece como una actitud de superioridad y juicio sobre los demás, pero es importante entender que los que padecen ON sufren por sus creencias. Las creencias alimenticias que tienen están profundamente entrelazadas en sus sistemas de significado tanto que la transgresión de sus propias reglas dietéticas resulta en ansiedad, vergüenza y un sentimiento de culpabilidad seguido por restricciones dietéticas más estrictas.

Cultura y ON: Celebrar lo que no se debe celebrar

Es importante decir que la ON no se manifiesta de la misma manera transculturalmente. En un estudio publicado en Psychiatry, los autores exploraron la diferencia en la manifestación de la sintomatología entre pacientes en Hungría y Turquía, y encontraron una diferencia importante que atribuyeron a la diferencia religiosa en los dos contextos (entre otros factores). En Argentina, por ejemplo, la cultura del país (la religión, el significado cultural que las personas le dan a la comida etc.) va a influenciar como el desorden se manifiesta. Dicho esto, hay algo que fomenta el desarrollo de ON, y la dificultad de su tratamiento en todos los países: la tendencia de socialmente felicitar la persona que tiene una estricta auto restricción. La moda de reducir grupos completos de alimentos no solo ha llegado a ser aceptable y tolerado socialmente, sino que también se premia como una cualidad deseable en las personas. Según algunos, Ortorexia nervosa ha sido descrita como "una enfermedad disfrazada de virtud". El problema con la ortorexia es que la desnutrición o la rigidez psicológica debilitante se malinterpreta como "normal" u oculta bajo elogios, como "consciente de la salud", "cuidarse" o "saludable". Wick explica que le hemos atribuido a los alimentos etiquetas ambiguas como "malo" y "bueno" que oscurecen el valor nutricional real de los diferentes grupos de alimentos. La lógica es que, si ingieres comida mala, eres un fracaso, y aquellos que se mantienen alejados de dicha comida son admirables.

En otras palabras, un trastorno alimentario restrictivo como la ortorexia nervosa es aún más fomentado por una cultura que evalúa inadecuadamente el cuerpo humano y su apariencia como un indicador de salud. Desafortunadamente, durante mi investigación sobre ON, múltiples autores que intentaron comprender el desorden, tampoco se deshicieron de los prejuicios asociados al cuerpo humano, y muchos cayeron en la trampa de malinterpretar el peso de una persona como un indicador de su salud.

¿Qué hacer?

Es difícil dar sugerencias sobre cómo avanzar, dado que los profesionales están luchando con el tratamiento de un trastorno que se presenta bajo la apariencia de un "estilo de vida saludable". Parece poco intuitivo decirle a alguien que deje de tratar de ser sano. Pero, ese es el punto. El hecho de que esto no es saludable. En este caso, es imperativo adoptar una vista crítica y cambiar la manera en que entendemos ciertos conceptos, por ejemplo, preguntarse ¿qué constituye la salud?

Hay muchas formas en que el entendimiento social de la salud está mal orientado. Por ejemplo, la falsa idea de que existe una correlación directa entre la apariencia de una persona (su tamaño, peso, e índice de masa corporal) y su salud. Este es un punto importante de reemplazar y desconfiar, ya que parte de la estructura de la ortorexia nervosa es que la persona que la padece juzga a los demás como no saludables en base a lo que ve en la superficie. La verdad es que es muy difícil distinguir la salud de una persona en base a lo que podés ver con tus ojos. Libros como Health at Every Size por Linda Bacon sirven para interrumpir la idea mal informada de que la grasa, la forma del cuerpo o el tamaño de una persona es el problema.

Los profesionales de la salud son los únicos capaces de evaluar la salud de una persona, e incluso ellos pueden tener prejuicios. Es decir, los profesionales de la salud no son observadores objetivos de nuestros cuerpos y no son inmunes a los paradigmas discursivos de la época. Homofobia, gordofobia, sexismo, y otros sistemas de opresión y exclusión, pueden entrar a la profesión de manera desconcertante. Desconcertante porque profesionales de la salud están para eso: cuidarnos, y si esta misma profesión está contaminada por un discurso perjudicial, nos corresponde a nosotros estar atentos e informarnos. Otro punto importante es la necesidad de interrumpir la cultura de felicitar el comportamiento restrictivo, y condenar a las personas que no demuestran un cuerpo (ni un comportamiento) hegemónico o popularizado.  Aunque ciertas restricciones son buenas (en el caso del consumo de alcohol o un cambio en la dieta necesario frente a una dolencia física como la diabetes), otras pueden estar causando una gran angustia psicológica y daño físico.

Es importante replantear cómo entendemos la salud.

Un recuerdo vívido que tengo y que me impactó profundamente fue en una fiesta a la que asistí hace unos años. Muchas personas felicitaron a un amigo por su pérdida de peso, para luego saber que la pérdida de peso fue el resultado de un cáncer agresivo. El cuerpo y su salud es un espacio complejo; la pregunta es: ¿podemos adoptar un enfoque de nuestro cuerpo que sea a la vez informado y compasivo, sin que se convierta en una ortodoxia nutricional restrictiva? ¿Podemos empezar a actuar desde una posición de autocompasión y capacitarnos para entender las necesidades de nuestros cuerpos? Es un desafío, pero un beneficio real para proteger nuestra salud sin imponer las necesidades de nuestro cuerpo a los demás. Desafiando nuestras opiniones erróneas sobre el peso y la salud, podemos avanzar hacia una idea de la salud más saludable. 

 

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