Sacando canas: No es una cuestión de blanco y negro

Por Sharon Haywood, Co-Editora de Adios Barbie y Fundadora/Directora de AnyBody Argentina

Traducido por Karina Formoso, activista de AnyBody Argentina

Por cortesía de la genética, mi pelo comenzó a volverse canoso en los últimos años de mi adolescencia. A esa altura ya había sido iniciada en el mundo de teñirme el pelo. A los 14 años experimenté con “Sun-In” un producto que dejó mi flequillo naranja cobrizo. Luego, usé blanqueador facial para blanquear una franja gruesa de mi pelo, que llegaba hasta mis hombros, a un lado de mi cara. Poco después llegó L'Oréal en varios tonos de rojo, burdeos, y violeta, y luego un largo periodo donde usaba sólo tintes vegetales de color negro. Cuando era adolescente teñía mi pelo para divertirme. Para ser “cool”. Para experimentar diferentes “looks”. Para descubrir mí estilo propio. Hoy en día, me tiño por una razón y sólo por una razón: para cubrir las canas.

Mi abuela irlandesa también empezó a volverse canosa en su adolescencia. Ella tenía dos originales franjas de pelo blanco que nacían en sus sienes y flameaban hacia atrás como La Novia de Frankenstein. A sus 25 tenía el pelo completamente blanco. Tengo que admitir que alrededor de los 19 años de edad, me sentí estafada cuando noté la presencia de retoños de pelo gris. Estos no se unieron entre sí para pintar un magnifico mechón de color blanco como tenía mi abuela. No, en cambio, los pelos rebeldes se esparcieron en todo mi cabello, negándose a seguir cualquier tipo de patrón. Yo no me iba a ver original. Sólo me vería vieja. Sentí que no tenía otra opción más que comprometerme a teñirme de por vida.

A mis 41, tengo una cantidad sustancial de pelo blanco y gris que, cuando le permito crecer, contrasta muchísimo con mi pelo color castaño-caoba. No estoy muy segura de cuantas canas tengo realmente. El asunto es que el tiempo más largo que pasé sin teñirme fue seis meses, un año y medio atrás. Cuando llegue al medio año libre de la tintura, sin embargo, me quebré deshonrosamente ante la presión de conformar y tapé los pocos centímetros de pelo virgen que tenía. Han pasado poco más de dos meses desde la última vez que escondí mis raíces. Estoy cansada de teñirme el pelo. Me molesta que cada seis semanas tenga que, o bien hacerlo yo misma, o visitar a mi peluquero. Me encantaría ver cómo mi pelo, largo y ondulado, se vería en su estado natural salpimentado. Pero lucho con hacer el compromiso de salir sin color. Quiero desafiarme a mí misma a ver más allá de lo que la sociedad dice que es atractivo. Pero reconozco que mi percepción de cómo me veo está sesgada por los mensajes repetitivos que dicen "el pelo gris en una mujer es igual a vieja y fea."

Cuando decidí dejar de teñirme el pelo durante esos seis meses, rápidamente acepté el desafío autoimpuesto de aceptar el envejecimiento de mi pelo. No me di cuenta que difícil obstáculo impondría mi imagen corporal. Tenía días buenos y malos. Pasé una buena cantidad de tiempo examinando mi cabello y cómo sus nuevos tonos más claros se veían sobre mi piel pálida. Traté de borrar lo que me había sido instruido que debía creer y trate de ver cómo podría ser agradable a la vista. Incluso lindo. En los días buenos, aceptaba más mis nuevas hebras plateadas salpicadas a lo largo de mis raíces, sobre todo alrededor de mi cara. Me emocionaba - impaciente - al imaginar cómo se vería mi pelo de un año a 18 meses. Las raíces blancas y gruesas en cada sien permanecieron ocultas bajo mi flequillo. Secretamente esperaba que con el tiempo los mechones de puro blanco que se encontraban tapados le ganaran la batalla al resto del pelo que normalmente mostraba al mundo. 

En los días malos, las presiones externas de seguir la norma en cuanto al cabello femenino nublaron mi visión y extinguieron los pensamientos positivos que tuve sobre mi pelo auténtico. El número de opiniones y conclusiones no solicitadas sobre mi decisión de llevar el pelo al natural me sorprendieron. Algunos insistieron que era una rebelde haciendo una declaración política. Otros prometieron que me vería horrible.

"Las mujeres con el pelo largo y gris parecen brujas."

"Vas a tener que cortarte el pelo corto."

"No lo hagas, Sharon, te verás tan vieja."

Mis afirmaciones de que la belleza es una cuestión de percepción no hicieron mucho para cambiar su opinión. Sus argumentos se desgastaban ante mi resolución. Si yo le presentaba al mundo mi pelo natural, de manera inequívoca sería considerada poco atractiva. Es cierto, yo también busqué opiniones. Mis mejores amigos querían darme su apoyo, pero la mayoría trataba de ocultar una mueca y decir algo como, "¿En serio? Pero me encanta tu cabello castaño”. Me gustaría poder agradecerles. Mi cabello castaño ya no existe. El cabello castaño que la gente ama tanto es cortesía de Clairol. Mi marido, bueno, el está terminantemente en contra de ello. Pensé que tal vez me daría su apoyo, sobre todo porque mi tamaño no le hace ninguna diferencia. Él vehementemente no quiere que me ponga Botox o que me haga cualquier otro tipo de intervención estética. Pero parece que su límite es el color del pelo. Más de una discusión se ha desatado sobre el dilema de teñirse o no teñirse. Pero yo no he abandonado la idea de mostrar el verdadero color de mi pelo, sea cual sea.

En estos días, si estoy caminando o en transporte público, regularmente escaneo las caras —hombres y mujeres por igual— en busca de coronas blancas y grises. Muchos más hombres muestran sus vetas naturales de color plateado y sus manchas blancas que las mujeres. Trato de imaginar cómo, las mujeres de edad avanzada con su pelo peinado y teñido, se verían con sus trenzas naturales. Hago lo mismo para mi abuela italiana de casi 90 años de edad, que aún tiñe fielmente su pelo cada seis semanas. Pero para aquellas mujeres que he visto revelar sus mechones naturales, estoy encantada de decir que puedo ver la belleza en su cabello. Lo que es más, lo admiro. Espero que cuando deje de teñirme de una vez por todas sea capaz de verme a mí misma—y a mi pelo—a través de las mismas lentes amorosas.

Originalmente publicado en Septiembre de 2010 en Adios Barbie.

La primera imagen ©Cesar Mascarenhas via Flickr.com 

La segunda foto ©Kendra via Flickr.com

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published this page in Blog 2014-04-29 14:43:00 +0100
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