Por qué los maniquíes nos deben reflejar

Maniquíes de talles grandes por Sharon Haywood

Por Sharon Haywood, Fundadora/Directora de AnyBody Argentina

Traducido por Liza Orlando, Activista de AnyBody

Provocar la inseguridad de las mujeres al vendernos belleza inalcanzable ha sido siempre la regla de oro de la industria de la moda, pero el sentido común nos hace preguntar: no aumentarían las ventas naturalmente si las consumidoras de verdad tuvieran modelos (tanto en la vida real como maniquíes) que lucieran como ellas?

Después de todo, los meta-análisis de estudios existentes, tales como el análisis realizado por profesores Shelly Grabe, L. Monique Ward y Janet Shibley Hyde en 2008, han establecido que la exposición continua al ideal de delgadez afecta negativamente a la imagen corporal en niñas y mujeres y es un factor importante en la baja autoestima y trastornos alimenticios.

No es de extrañar, teniendo en cuenta que sólo el cinco por ciento de las mujeres encajan en este ideal de delgadez, como la antropóloga social Kate Fox confirmó en las conclusiones de su estudio de la imagen corporal de 1997.

Ben Barry, fundador y director de ‘Ben Barry Models’, presenta otro argumento convincente para las modelos de talles normales. Barry llevó a cabo un estudio que involucró a más de 2.500 mujeres canadienses y estadounidenses de diferentes etnias, edades y talles. Demostró que las motivaciones de compra de las consumidoras se dispararon cuando las mujeres vieron la ropa puesta en modelos que se parecían a ellas en términos de raza, la edad y el talle.

Maniquí de la tienda Fashion Crimes/Foto por Sharon HaywoodAdemás, encontró que las intenciones de compra en realidad disminuyeron cuando las mujeres no podían identificarse con la modelo. De las tres variables, el talle generó los resultados más fuertes. Cuando las modelos tenían el mismo talle que las consumidoras, la intención de comprar subió más del 200 por ciento y en el caso de las mujeres con talles más grandes que el 6, la cifra se disparó a 300 por ciento. Por otro lado, las intenciones de comprar se redujeron en un 60 por ciento y 76 por ciento, respectivamente, cuando las modelos no reflejaban el talle de las consumidoras.

Estos resultados son completamente contrarios al modelo de negocio que induce la inseguridad al que las industrias de la belleza y de la moda adhieren casi religiosamente. Como Barry escribió para la revista Elle en 2012,

"Mientras que algunas mujeres de mi estudio se sentían inseguras al ver modelos idealizadas, su inseguridad no se tradujo en las intenciones de comprar como la industria espera, sino que en realidad se opacó el producto."

Como una de las participantes resumió,

"Los anuncios como este quieren que seamos parte de su mundo, pero tienen el efecto contrario para mí. Me siento excluida."

Si hacer que las mujeres se sientan mal acerca de sus cuerpos no aumenta las ventas, ¿por qué hacerlo? Hasta finales de la década del 50’, el talle de los maniquíes era mucho más realista que los que actualmente aparecen en las vidrieras. En 1992, un estudio realizado por dos investigadores, Minna Rintala y Pertti Mustajoki, comparó maniquíes italianos, japoneses y malayos desde la década del 20’ hasta la década del 60’. Encontraron que "las circunferencias de los brazos, cadera y muslos de los maniquíes modernos eran entre dos y tres centímetros, ocho centímetros, y cuatro y cincuenta y seis centímetros menores, respectivamente, en comparación con las medidas de antes de la Segunda Guerra Mundial."

Además, al examinar cantidades calculadas de grasa corporal, los investigadores determinaron que los maniquíes usados ​​antes de la década de 50’ reflejaban un porcentaje de grasa típico de una mujer joven y sana.

Después de la década del 50’, los maniquíes se hicieron progresivamente más delgados y sus proporciones dejaron de ser las presentes en los cuerpos femeninos reales. La circunferencia de la cintura también se achicó notablemente durante la década del 50’, y fue aún más acentuada por pechos levantados y más grandes y caderas más anchas. Esta figura femenina voluptuosa se tornó en una silueta parecida a la de una muñeca Barbie, que fue creada por primera vez en 1959. Mucho antes de ello, a finales del siglo XIX en Europa, los maniquíes pasaron de ser torsos sin cabeza, a formas de figuras de cera que adoptaron características humanas—del cuello para arriba. Detalles como pestañas reales, cabello humano y a veces los dientes se utilizaron en un intento de hacerlos más realistas. Durante la década del 20’, el impulso por representaciones más reales produjo rostros femeninos más convincentes que fueron ampliamente utilizados en Europa y Estados Unidos. Los maniquíes de cuerpo completo también entraron en el mercado y tendieron a reflejar la figura juvenil popular, representada por “flappers” (bailarinas de cabaret) famosas de la época, tal como se describe por Marianne Thesander en su libro de 1997, The Feminine Ideal. En la década del 30’, surgieron los fabricantes estadounidenses y comenzaron a producir maniquíes con caras con las que las mujeres estadounidenses se pudieran identificar—las ricas y famosas.

El autor Jon Stratton explica en una edición de 1996 de la Australian Humanities Review que Cora Scovil, la primera diseñadora en cambiar de cera a yeso, modeló sus maniquíes tomando como modelo a las estrellas de cine de renombre tales como Greta Garbo y Joan Crawford. Otro pionero estadounidense en el diseño de maniquíes, Lester Gaba, se inspiró en un sector diferente de la sociedad de elite: jóvenes miembros de la ‘alta sociedad’ de Nueva York. Él produjo las conocidas Gaba Girls y el maniquí Cynthia, que incluso tuvo su propia serie de fotos en una edición de 1937 de la revista Life. (Hasta ese momento, Life Online decía "las mujeres de la clase alta prefieren ver cómo sus ropas lucían haciendo que modelaran jóvenes, mujeres humanas.")

Durante la Gran Depresión, también era común ver maniquíes más grandes que lo ​​establecido. En una edición de 1991 de la revista Smithsonian, los escritores Per Ola y Emily d'Aulaire hacen referencia a la talla 18 Bertille, creada por el artista holandés Pierre Imans. Aunque Bertille y los maniquíes de 1930 de su talle parecen ser algo así como una anomalía en la historia del maniquí, ellos también proyectan un cuerpo ideal difícil de alcanzar para su época—uno que refleja la riqueza.

Maniquí Asiatico en Fashion Crimes / Foto por Sharon HaywoodClaramente, los maniquíes no sólo venden ropa. Como los ideales de belleza y tendencias de la moda se han transformado en los últimos años, los maniquíes han servido de espejos tridimensionales de tales cambios, pero también han servido de instrumentos dentro de los medios de comunicación que establecen las normas de belleza, reforzando los estereotipos y dando forma a las percepciones de la perfección.

Los maniquíes han evolucionado en su inclusión, pero sólo hasta un cierto punto. Hoy en día, los maniquíes de diversas etnias y edades se ven en los principales mercados, pero lo mismo no puede decirse en cuanto al talle—un nicho que podría hacer que los maniquíes sean aprovechados como herramientas potentes de cambio. Como los maniquíes claramente no son reales, se podría argumentar que los objetos inanimados no pueden ser sometidos a los mismos estándares que las modelos. Como Pucci, el líder mundial en diseño de maniquíes señaló, el maniquí perfecto mide unos 6 pies de alto (casi 183 centímetros), y, en pulgadas mediría 32-22-32 (aproximadamente 81-56-81 en centímetros). Según Barry, sin embargo,

"Un cliente es más capaz de ver cómo la ropa se complementa con su cuerpo cuando el maniquí tiene proporciones similares."

En la década del 60’, la búsqueda de realismo por encima del cuello prevaleció, pero los diseñadores de maniquíes no reflejaban la verdadera diversidad de cuerpos. Los maniquíes continuaron reforzando los estereotipos sociales y la versión de belleza de cada época. En 1966 la diseñadora sudafricana establecido en Londres, Adel Rootstein, creó el famoso maniquí Twiggy, a semejanza de la modelo de 17 años, internacionalmente conocida y de talle 6. Este drástico cambio, lejos de los maniquíes de busto grande, cintura pequeña y cartón de los años 50’ dio justo en la tecla con los cambios sociales extremos y la punzante rebelión que definió la década.

En medio del movimiento de derechos civiles, Rootstein abrió un nuevo camino otra vez mediante la creación de Luna, un maniquí negro en la semejanza de Donyale Luna, una modelo de pasarela de París de renombre mundial y la primera mujer afro-americana en ser portada de la revista Vogue. A pesar de que Luna rompió barreras en el mundo de la moda, se la puso constantemente en poses felinas que reafirmaron el estereotipo animal y excesivamente sexual de las mujeres de color. Como la autora Sara K. Schneider escribió en la revista Design Issues en 1997, "La mayoría de las poses de Luna eran inclinadas hacia adelante, como si se preparara para saltar o a caer después de un salto en largo hacia atrás. Todas las poses de Luna mostraban sus dedos demasiado articulados, casi como garras.” A veces, los fabricantes simplemente oscurecían el color de la piel de los maniquíes blancos hasta que sentían que se reflejaba adecuadamente la etnia deseada.

La variedad en maniquíes siguió creciendo después de la década del 70’. Hubo un aumento en los rasgos faciales auténticos de diversos grupos étnicos, y también aparecieron los maniquíes pequeños.

En un nivel superficial, la aparición de maniquíes pequeños podría ser vista como un avance en la inclusión respecto de los talles. Sin embargo, como la periodista Helen Burggraf señaló en la Crain’s New York Business, los maniquíes pequeños son "universalmente varios centímetros más altos que las mujeres para las que fueron diseñados... porque 'la ropa, simplemente se ve mejor en las siluetas más altas.’"

Coincidiendo con la envejecida generación de posguerra, la primera línea de maniquíes mayores apareció en 1988 con el "Drama clásico," de Robert Filoso, que representó a las mujeres entre 42 y 48 años. Luego, en 1989, Filoso creó "Gloria," el primero en otra línea de maniquíes mayores, diseñado a partir de una mujer de 58 años, con el mismo nombre. Se tuvo mucho cuidado de incluir detalles como líneas de la sonrisa y la asimetría facial. En 1989, la periodista de UPI, Valerie Kuklenski escribió que Filoso dijo: "Nadie tiene la cara exactamente igual en ambos lados... Si los maniquíes deben reflejar a las personas vivas, entonces deben parecer vivos." A pesar de la obsesión por crear rostros extrañamente parecidos a los humanos y un mayor interés en la raza, la altura y la edad, la industria del maniquí continuó su búsqueda de realismo, mientras que ignoró el talle y la forma de sus consumidoras.

El mercado ‘plus-size’ (talles extra grandes) comenzó a utilizar maniquíes más realistas durante la década del 90’. Así como la moda ‘plus-size’ de los productores como Lane Bryant ganó popularidad, también lo hizo la demanda de maniquíes de talles más grandes. Curiosamente, incluso los maniquíes ‘plus-size’ no han representado adecuadamente los cuerpos ‘plus-size’.

La revista Bust informó en 2013 que históricamente, "la mayoría de los maniquíes de ropa más grandes se hicieron simplemente agrandando las proporciones generales de los maniquíes más pequeños." En mayo pasado, sin embargo, dos estudiantes de diseño de moda de la Universidad de Cornell crearon el primer maniquí de talle 24 usando medidas reales.

Sin embargo, lo común es que los maniquíes ‘plus-size’ son generalmente expuestos en tiendas de talles grandes. Rara vez vemos diversidad de talle en las vidrieras, a pesar de que los minoristas no especializados atienden a una amplia gama de talles. Una excepción es la marca Debenhams del Reino Unido. En 2010, Mail Online señaló que la tienda se convirtió en la primera en utilizar maniquíes ‘plus-size’, motivados por el hecho de que el 42 por ciento de sus ganancias proviene de prendas de talles que van del 16 al 18.

Tal vez la tendencia esté finalmente cambiando. En 2007, el Ministerio de Salud de España ordenó que maniquíes de apariencia más saludable, calculado de talle europeo 38 (un británico de 10 o de América del Norte 8) sustituyan a los súper delgados. En 2010, BEAT, una organización benéfica del Reino Unido destinada a prevenir trastornos de alimentación, se manifestó en contra de una línea de maniquíes masculinos súper delgados llamado "Young and the Restless" (otra creación Rootstein), afirmando que tales figuras delgadas pueden tener un efecto negativo en la imagen corporal de los hombres, del mismo modo que para las mujeres. En 2012, Change.org organizó una petición creada por el Dr. Dae Sheridan, psicoterapeuta EE.UU., dirigida a las grandes tiendas JC Penny por su uso de maniquíes súper delgados. Al momento de escribir este artículo, había más de 7.300 firmas a favor.

Según Statistics Canada (Estadísticas Canadá), el 44 por ciento de las mujeres canadienses es considerada ‘con sobrepeso’. El U.S. Center for Disease Control and Prevention (Centro Estadounidense para el Control y Prevención de Enfermedades) y el England’s National Health Service (Servicio Nacional de Salud de Inglaterra) reportaron que el 63.9 por ciento de las mujeres norteamericanas y el 58.4 por ciento de las británicas entran en la misma categoría. Simplemente dicho, la mayoría de las mujeres en el norte no son flacas. Comparando ese dato con el talle 2 de los maniquíes actuales: una mujer de similares proporciones sería demasiado flaca como para menstruar.

Mientras el talle y las proporciones continúan siendo más o menos las mismas fuera del mercado ‘plus-size’, la raza, edad, y hasta un cierto punto la discapacidad están mucho más presentes en las vidrieras. En Toronto, el productor independiente Fashion Crimes ha atraído a mujeres a su moderno local de Queen Street desde los 80’, con maniquíes racialmente diferentes, diseñados por el famoso Rootstein (ver las fotos arriba: el maniquí asiático y el maniquí negro).

La dueña Pam Chorley siempre ha escogido para presentar sus diseños hechos a la medida lo que ella llama "maniquíes realistas e impresionantes. Todos ellos tienen una personalidad que trae la ropa a la vida."

Maniquíes de Old Navy/Foto por Sharon HaywoodDesde 2009, los "SuperModelquins" de Old Navy (a la izquierda), maniquíes de distintas razas y edades, han sido expuestos en las tiendas de todo Norteamérica. En 2010, Debenhams incorporó maniquíes en sillas de ruedas en sus vidrieras. Barry cita a la diseñadora canadiense Izzy Camilleri como "uno de los mejores ejemplos" del uso correcto del maniquí. Las vidrieras de Camilleri en su tienda de Toronto, IZ Adaptive Clothing (IZ ropa adaptable) cuentan con maniquíes sentados para que sus clientes, personas que usan sillas de ruedas, puedan ver claramente cómo las prendas quedarían en sus propios cuerpos.

Según Barry, "el talle sigue siendo una de las características más estigmatizadas de la moda. Los vendedores de ropa y minoristas tienen un falso temor de que las consumidoras se desanimen por la diversidad de talle ... que las consumidoras no vean las curvas como motivadoras."

Como tal, la industria de la moda aún tiene que aprovechar el potencial de venta que los maniquíes poseen. Sin embargo, muchas personas están empezando a darse cuenta del poder que los maniquíes ejercen como vehículos de cambio. A principios de este año, una foto de un maniquí de la tienda sueca Åhléns se hizo viral, atrayendo la atención internacional. El resto del mundo no sabía que este maniquí de ‘plus-size’ es uno de los muchos maniquíes de diferentes talles que los minoristas han estado utilizando en sus vidrieras durante más de 10 años con el fin de atraer a clientes de diferentes talles.

Aumentar la diversidad de talles de forma generalizada en el mundo de la moda tiene un enorme potencial para mejorar la imagen propia de las consumidoras y aumentar al máximo la rentabilidad de la industria. Aplicar esta lógica a los maniquíes tiene sentido, teniendo en cuenta que su función principal es la de atraer a la gente que pasa frente a las vidrieras. En lugar de capitalizar y crear inseguridades, un cambio hacia un modelo de negocio sostenible de ‘amor al propio cuerpo’ es lo que generará clientes leales y más ganancias—un doble beneficio tanto para consumidoras como para la industria de la moda.

 

herizons_2013_cover.jpgOriginalmente publicado en inglés para la historia de tapa de la edición de otoño de 2013 de la revista Herizons, la publicación feminista de Canadá líder desde los 70’.

Todas las fotos y el artículo ©Sharon Haywood

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